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Automonitoreo

¿Funciona el seguimiento de hábitos? Lo que dicen 138 estudios, y cuándo parar

Funciona, de forma modesta pero constante: en un metaanálisis de 2016 con 138 experimentos, las personas a las que se animó a seguir su progreso alcanzaron sus metas más a menudo que las demás. El efecto fue mayor cuando el progreso se anotaba o se compartía con alguien, y tiene un coste que conviene conocer: medir algo que disfrutas puede hacer que se sienta como trabajo.

Publicado el 8 min de lecturaCarlos Ricardo Ziegler

¿Funciona el seguimiento de hábitos? La respuesta corta de la investigación

La respuesta más completa viene de Harkin et al., 2016, un metaanálisis publicado en Psychological Bulletin. Los autores reunieron 138 estudios aleatorizados con 19.951 participantes. Cada uno comparaba a personas animadas a seguir su progreso hacia una meta con personas que no recibían ese empujón. La mayoría trataba de salud: peso, dieta, actividad física, tensión arterial, glucosa, asma, depresión.

Hay dos cifras que importan. Las intervenciones lograron que la gente revisara su progreso con mucha más frecuencia (un tamaño del efecto de d = 1,98, más del doble de un efecto “grande” convencional, como señalan los autores). Y ese seguimiento extra ayudó a alcanzar las metas, con un efecto medio de d = 0,40, que describen como pequeño a mediano. El detalle que lo convierte en algo más que una correlación es que el cambio en la frecuencia de seguimiento medió el efecto sobre las metas: las intervenciones ayudaron en la medida en que hicieron que la gente revisara más.

0,40Efecto medio de seguir el progreso sobre alcanzar una meta, en 138 experimentos y 19.951 personas (d de Cohen). Pequeño a mediano, y constante.

Otras revisiones apuntan en la misma dirección. Michie et al., 2009 clasificaron 122 evaluaciones de programas de alimentación sana y actividad física (44.747 personas) en 26 técnicas de cambio de conducta. El automonitoreo explicó más diferencia entre programas que cualquier otra técnica. Los programas que lo combinaban con al menos otra técnica de la teoría del control, como fijar una meta o dar retroalimentación, tuvieron un efecto medio de 0,42, frente a 0,26 del resto. En pérdida de peso, Burke et al., 2011 revisaron 22 estudios y encontraron una relación constante entre automonitoreo y adelgazar, aunque calificaron la evidencia de débil por el diseño de los estudios.

Así que sí, con expectativas realistas. Un registro de hábitos no sostiene un hábito por sí solo, pero quien lleva un registro honesto de lo que hace tiende a hacer más.

Por qué anotarlo cambia lo que haces

El mecanismo viene de la teoría del control, que Carver y Scheier plantearon en 1982 en torno a un bucle de retroalimentación que reduce discrepancias. Tienes un estándar (meditar diez minutos al día), notas dónde estás de verdad y, si hay distancia, actúas para cerrarla. Harkin y su equipo lo dicen sin rodeos: fijar una meta solo establece el valor de referencia. El trabajo real es comparar tu progreso con ese valor y reaccionar a lo que ves.

El bucle de retroalimentación del automonitoreoUn bucle de cinco pasos: actuar, registrar, revisar el registro, comparar con tu meta y ajustar el plan, con tu registro de meta e historial en el centro.Actuarhacer el hábitoRegistraranotarlo al momentoRevisarmirar la semanaCompararcon tu metaAjustarcambiar el planTu registrometa e historial
El automonitoreo como bucle de retroalimentación, a partir de la teoría del control de Carver y Scheier. Registrar alimenta el historial; la comparación es el paso que más se salta la gente.

El bucle suele romperse en la comparación. El equipo de Harkin lo llama el “problema del avestruz”: evitamos la información sobre cómo nos va, sobre todo si puede ser una mala noticia. Poca gente mira el saldo del banco o cuenta lo que come si algo no se lo recuerda. En lo más básico, un registro de hábitos es ese recordatorio.

Registrar también parece importar por sí mismo. Los autores proponen algunas razones: un registro escrito se recuerda mejor, cuesta más ignorarlo o justificarlo, y ponerlo por escrito puede aumentar el compromiso con la meta. Son hipótesis suyas. El metaanálisis muestra la diferencia en los resultados, no qué explicación es la correcta.

Los beneficios de registrar hábitos dependen de cómo lo hagas

La parte más práctica del metaanálisis son los moderadores: las características que hicieron que el seguimiento funcionara mejor o peor.

Seguir el progreso ayuda más si se anota o se comparteGráfico de barras de Harkin et al. 2016: el efecto sobre las metas fue 0,43 cuando el progreso se registraba y 0,29 cuando no, y 0,47 cuando se contaba a alguien frente a 0,19 cuando se guardaba en privado. La media general fue 0,40.¿ANOTADO?¿COMPARTIDO?Registrado106 estudios0,43Sin registrar32 estudios0,29Contado a alguien95 estudios0,47Solo para ti14 estudios0,19Media de los 138 estudios: 0,4000,10,20,30,40,50,6EFECTO SOBRE ALCANZAR LA META (D DE COHEN)0,2 ≈ pequeño, 0,5 ≈ mediano
Efecto medio del seguimiento del progreso sobre alcanzar metas, según cómo se hacía. Datos: Harkin et al., 2016, tabla 3. El seguimiento totalmente público (0,55) queda fuera porque solo lo probaron 3 estudios.
  • Anótalo. En los estudios donde la gente registraba físicamente lo que observaba, el efecto medio fue 0,43, frente a 0,29 cuando solo se fijaba. Cuando la meta se medía de forma objetiva, la diferencia crecía: 0,57 frente a 0,23.
  • Cuéntaselo a alguien. Cuando la información se comunicaba al menos a otra persona, el efecto fue 0,47. El seguimiento que nadie más veía se quedó en 0,19. El seguimiento totalmente público, como pesarse en una clase de grupo, llegó a 0,55, pero solo tres estudios lo probaron, así que tómalo con cautela.
  • Registra lo que quieres cambiar. Seguir una conducta tuvo un efecto grande sobre esa conducta (0,79) y ninguno fiable sobre los resultados; seguir resultados movió los resultados (0,62), pero no la conducta. Si tu meta es correr tres veces por semana, registra las carreras. Si es bajar la frecuencia cardiaca en reposo, el número es el objetivo.
  • Combínalo con una meta y retroalimentación rápida. Los programas que añadían al seguimiento la fijación de metas, retroalimentación o planificación de acciones tuvieron efectos mayores, y la retroalimentación inmediata sobre la conducta superó a la diferida.

Cuándo registrar sale al revés

Medir tiene un coste que casi nadie espera. En seis experimentos, Jordan Etkin pidió a personas que colorearan figuras, caminaran o leyeran, unas con un contador que mostraba cuánto hacían y otras sin él. La medición hizo que hicieran más y disfrutaran menos. En un estudio de campo, los estudiantes que eligieron llevar un podómetro durante el día caminaron más que los que llevaban uno sellado, y valoraron caminar como menos agradable. En otro experimento, quienes habían visto un contador de páginas eligieron menos seguir leyendo después (27 % frente a 49 %).

La explicación de Etkin es que contar lo producido hace que algo que haces por gusto parezca trabajo, y eso desgasta la motivación intrínseca. Dos detalles lo hacen útil. La gente no lo veía venir: el 88 % de los participantes a quienes se ofreció contar sus pasos quiso verlos, y pensaban que eso haría más agradable caminar. Y tener una meta clara cambió el resultado. En un estudio adicional con 300 lectores, la medición redujo el disfrute de quienes leían sin meta, pero lo aumentó un poco (un resultado marginal) en quienes debían leer el máximo de páginas posible.

El otro coste es el esfuerzo, y por eso tanta gente lo deja. Al preguntar a personas que habían dejado de usar herramientas de registro, Epstein et al., 2016 vieron que el motivo más común entre antiguos usuarios de pulseras de actividad era el trabajo de recoger los datos, citado por el 46 %. Algunos sintieron culpa después, más aún quienes habían empezado para cambiar un hábito. Attig y Franke, 2020, que encuestaron a 159 antiguos usuarios de wearables, señalan que mucha gente abandona estos dispositivos a los pocos meses, y que el abandono definitivo se relacionó sobre todo con la pérdida de motivación.

Qué registrar (y qué dejar en paz)

  • Registra conductas que controlas, escritas de forma que el día quede claramente hecho o no: “caminar 20 minutos”, no “ser más activo”. Es el efecto de correspondencia de los datos de Harkin: registrar la conducta mueve la conducta.
  • Mantén la lista corta. Cada hábito que registras es una pequeña tarea diaria, y el esfuerzo de recoger datos fue la razón principal para abandonar. Nosotros empezaríamos con tres a cinco hábitos que de verdad te importen, no con quince que miras de pasada.
  • Usa la medida más simple que responda a tu pregunta. Un sí o no basta para el hilo dental. Cuenta o mide solo cuando la cantidad es lo importante: páginas, vasos de agua, kilómetros.
  • Piénsalo dos veces antes de ponerle números a algo que te encanta. Si lees, caminas o tocas música por placer, un contador puede quitarle parte de ese placer. Si quieres hacerlo más, una medida más suelta (“¿he leído hoy?”) tiene menos riesgo de convertirse en una cuota que contar páginas.
  • Regístralo al momento. La retroalimentación inmediata superó a la diferida en el análisis de Harkin, y un registro rellenado de memoria al final de la semana es casi todo suposición.

Cómo leer tus datos de hábitos sin que se vuelva una carga

Registrar es la parte fácil. El beneficio viene de la comparación, y ahí es donde la gente o se la salta o se pasa.

  • Mira cada semana, no cada hora. Una revisión corta una vez por semana (qué salió, qué falló y por qué) basta para cerrar el bucle. Mirar tus estadísticas varias veces al día se parece más a la trampa del contador de pasos.
  • Lee tasas, no días sueltos. Cinco de siete es una buena semana. Un cuadrado vacío dice muy poco, y en Lally et al., 2010 saltarse un solo día no frenó de forma medible la formación del hábito (más sobre los días perdidos). En cambio, una racha de lunes vacíos te dice algo que puedes arreglar.
  • Compara con tu propia meta. En los datos de Harkin, compararte con dónde estabas antes funcionó casi igual que compararte con dónde quieres llegar (0,43 frente a 0,41), así que tu propio historial es una buena vara de medir.
  • Cambia el plan, no la opinión que tienes de ti. Cuando un hábito falla una y otra vez, la solución suele ser hacerlo más pequeño, pasarlo a otro momento del día o atarlo a una señal más clara con un plan si-entonces.
  • Plantéate contárselo a una persona. El seguimiento compartido funcionó mucho mejor que el privado. Puede ser un mensaje semanal a un amigo; no hace falta que sea público.

Cuándo dejar de registrar un hábito

Registrar es un andamio. En el estudio de Lally, la automaticidad subió siguiendo una curva que se iba aplanando, y llegar a la meseta llevó entre 18 y 254 días (cuánto se tarda en formar un hábito). Cuando el hábito va solo, registrarlo cada día añade trabajo y casi ninguna información.

Señales de que puede ser el momento: haces el hábito antes de acordarte de registrarlo; los datos no te dicen nada nuevo desde hace semanas; registrar parece la tarea, en vez del hábito; o es algo que haces por diversión y los números han empezado a estropearlo.

Dejarlo no es fracasar. En la encuesta de Epstein, algunas personas lo dejaron porque ya habían “aprendido lo suficiente”, y algunas siguieron aplicando lo aprendido después. Los autores concluyen que abandonar una herramienta de registro “no siempre indica un fracaso”. Una forma sensata de hacerlo es dejar de registrar, mantener el hábito y echar un vistazo de vez en cuando. Si empieza a flojear, vuelve a registrarlo unas semanas.

Lo que la investigación no dice

  • Casi todo trata de metas de salud con un objetivo claro. El equipo de Harkin señala la falta de datos sobre conductas que no tienen que ver con la salud.
  • Los efectos se reducen al mirarlos de cerca. Ajustada por un posible sesgo de publicación, la estimación de Harkin para alcanzar metas bajó a 0,19 (los autores siguen interpretando el efecto real como pequeño a mediano). Los efectos también fueron menores en estudios donde participantes e investigadores no sabían quién estaba en cada grupo.
  • En general se asumió que los grupos de control no hacían ningún seguimiento, lo que puede agrandar el contraste, y los moderadores se solapan: los estudios que pedían registrar quizá también se diferenciaban en otras cosas.
  • La revisión de Burke sobre pérdida de peso se basó sobre todo en muestras de mujeres blancas y en autoinformes.
  • Los experimentos de Etkin fueron cortos, de minutos a un solo día, y ella misma apunta que no se sabe cuánto dura el efecto.
  • Ninguno de estos estudios probó una app de hábitos como tal, ni midió si registrar vuelve automática una conducta. Midieron si la gente alcanzaba sus metas.

Preguntas frecuentes

¿Merece la pena usar un registro de hábitos?

Para la mayoría de metas, sí. Un metaanálisis de 138 experimentos encontró que seguir el progreso mejoraba el logro de metas, sobre todo cuando se anotaba. Funciona mejor con pocos hábitos que te importen, comparados con un objetivo claro.

¿Cuántos hábitos debería registrar a la vez?

Ningún estudio ha probado un número ideal. El motivo más común para abandonar las herramientas de registro es el esfuerzo de anotar, así que una lista corta, de tres a cinco, es un comienzo sensato; añade más cuando esos te resulten fáciles.

¿Es mejor registrar hábitos en papel o en una app?

La investigación compara sobre todo registrar con no registrar, y registrar gana; no resuelve papel frente a app. Elige lo que de verdad vayas a rellenar justo después de hacer el hábito.

¿Tengo que registrar un hábito para siempre?

No. Cuando el hábito es automático y estable, registrarlo cada día aporta poco. Deja de registrarlo, mantén el hábito y vuelve a registrarlo unas semanas si empieza a flojear.

Fuentes

Las cifras del texto vienen de estos estudios y páginas oficiales.

  1. Harkin, B., Webb, T. L., Chang, B. P. I., Prestwich, A., Conner, M., Kellar, I., Benn, Y., & Sheeran, P. (2016). Does monitoring goal progress promote goal attainment? A meta-analysis of the experimental evidence. Psychological Bulletin, 142(2), 198–229. doi:10.1037/bul0000025
  2. Michie, S., Abraham, C., Whittington, C., McAteer, J., & Gupta, S. (2009). Effective techniques in healthy eating and physical activity interventions: A meta-regression. Health Psychology, 28(6), 690–701. doi:10.1037/a0016136
  3. Burke, L. E., Wang, J., & Sevick, M. A. (2011). Self-monitoring in weight loss: A systematic review of the literature. Journal of the American Dietetic Association, 111(1), 92–102. doi:10.1016/j.jada.2010.10.008
  4. Carver, C. S., & Scheier, M. F. (1982). Control theory: A useful conceptual framework for personality–social, clinical, and health psychology. Psychological Bulletin, 92(1), 111–135. doi:10.1037/0033-2909.92.1.111
  5. Etkin, J. (2016). The hidden cost of personal quantification. Journal of Consumer Research, 42(6), 967–984. doi:10.1093/jcr/ucv095 (author manuscript)
  6. Epstein, D. A., Caraway, M., Johnston, C., Ping, A., Fogarty, J., & Munson, S. A. (2016). Beyond abandonment to next steps: Understanding and designing for life after personal informatics tool use. Proceedings of CHI 2016. doi:10.1145/2858036.2858045
  7. Attig, C., & Franke, T. (2020). Abandonment of personal quantification: A review and empirical study investigating reasons for wearable activity tracking attrition. Computers in Human Behavior, 102, 223–237.
  8. Lally, P., van Jaarsveld, C. H. M., Potts, H. W. W., & Wardle, J. (2010). How are habits formed: Modelling habit formation in the real world. European Journal of Social Psychology, 40(6), 998–1009.